La consistencia

La consistencia no es una cualidad visible de las que se pueda presumir o de las que te den un minuto de gloria en algún momento. Nunca se manifiesta, y cuando se hace patente, es por su ausencia en determinadas situaciones o ante determinadas decisiones, como cuando el manager actúa fuera de contexto, perdiendo la compostura y sorprendiendo a su entorno.

La consistencia debe partir de la autoconfianza, y se construye sobre tres pilares: el interés por la empresa por encima del propio interés, una estrategia clara que establezca un marco de actuación y unas normas de comportamiento que definan la forma de trabajar en el equipo.

La autoconfianza es la base de la consistencia, porque hay que estar muy seguro de uno mismo para soportar, sin cambiar ni la estrategia ni el rictus, los vaivenes que la actividad diaria depara.

El interés de la empresa y el éxito de ésta, debe ser mucho más importante que los intereses y los éxitos individuales, ya que las empresas tienen que ganar dinero para ser sostenibles en el tiempo y esto, solo se consigue ganado cada año al mercado y operando con una estructura de costes eficiente. Esta actitud “altruista”  hacia la empresa, no lo es en absoluto, porque solo la buena marcha de la misma, garantiza la empleabilidad a corto y medio plazo.

La estrategia y las normas de comportamiento, permiten al buen manager establecer sus criterios, de modo que a partir de que esos criterios estén bien comunicados y compartidos con su equipo, se pueda adoptar siempre una actitud predecible.

La función del manager es muy simple de definir: recibe unos objetivos, unos recursos y unos presupuestos, de forma que con los dos últimos, tiene que conseguir los resultados. Y ahí debe empezar su ejercicio de consistencia, estableciendo o asumiendo unos objetivos aspiracionales, un presupuesto eficiente y unos incentivos alineados con los objetivos, y administrados de modo que premien la consecución de éstos.

La fijación de objetivos es un ejercicio en el que normalmente un único manager es el que define el objetivo como tal, de forma que el resto, los va asumiendo a medida que éstos descienden por la organización. Es un ejercicio, por tanto, que no tiene vuelta a atrás y que una vez en marcha, es imparable. De este modo, cuando un manager recibe su objetivo, debe asumirlo de buen grado, aunque si el objetivo está bien definido, será difícil de conseguir, y por tanto, interpretable como inalcanzable e injusto. El manager debe compartir el objetivo con su equipo de una forma positiva, no debe traspasar su frustración o alimentar la idea de injusticia o de imposibilidad de consecución.

Un manager, se tiene que auto disciplinar a gastar eficientemente, siendo consciente de que tiene que buscar la rentabilidad y el retorno a todos sus gastos o inversiones, analizando con detalle la contribución marginal de cada euro de más, que utilice. Siempre hay un motivo para gastar más, sobre todo  si se tira con pólvora del rey, y esta es la actitud general en las grandes compañías. En estas compañías, cíclicamente aparece un CEO poco brillante y con la única misión de cortar la estructura de costes. Son CEOs que gozan de poca popularidad, pero que son indispensables, siempre y cuando el equipo de manager no actúe con consistencia y gaste con racionalidad.

La falta de consistencia, deja libre la tendencia humana a  sacar partido individual de cualquier situación, desembocando en la búsqueda de objetivos fáciles, presupuestos de gastos generosos e incentivos muy atractivos, casi conseguidos de antemano. Este comportamiento, puede dejar muy satisfecho a determinados managers que creen que han conseguido el paraíso para su gente, de modo que tienen que ser reconocidos por éstos como unos auténticos héroes. Mi lectura a este comportamiento es absolutamente negativa, porque es una actitud que un mercado en bonanza tolera, pero que lleva irremisiblemente al equipo a su zona de confort. Y de esta zona, ya nunca saldrá por su propia voluntad, y abandonará por la puerta de atrás ayudado por la competencia o por un mercado menos boyante.

La actitud aspiracional de un manager, fijando objetivos retadores y creando una cultura racional de gastos, establece un entorno que provoca la superación individual. Éste es el único camino razonable para el éxito y la sostenibilidad en el tiempo de la empresa, manteniéndose así la fuente de oportunidades de trabajo y promoción para sus empleados.

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