Los puestos cómodos y otras concesiones de los buenos tiempos

Cuando hablo de elmalabar y cuando trabajo con managers pongo gran énfasis en la consecución de objetivos y en la contribución individual. A veces me parece que existe un cierto rechazo a este planteamiento en detrimento de otro, más soft, en el que el mero intento de hacer las cosas bien fuese suficiente.

Creo que las empresas necesitan cumplir sus objetivos porque en ello les va su solidez para perdurar en el tiempo. En este sentido, las empresas tienen que luchar contra sus competidores y hablamos de competidores porque el mercado es competitivo, por tanto esa necesidad y responsabilidad de competir de la empresa no hay más remedio que pasarla a cada uno de sus empleados.

Yo no predico la obsesión por el resultado sino la obsesión por tener a los mejores y con ellos hacer las cosas bien, para que como consecuencia de ese trabajo, se consiga llegar a los objetivos. Y si mi equipo y mis planes actuales no nos llevan a los objetivos, habrá que mejorar nuestras habilidades y preparar planes mejores que nos lleven al objetivo. De este modo, estas revisiones se deben hacer  de forma recurrente, hasta que el objetivo sea la consecuencia natural del trabajo.

Quizás la fórmula correcta de dedicación laboral sea ” trabajar para vivir ” en contraposición con “vivir para trabajar” y bajo esa razonable fórmula muchos buscan posiciones cómodas que protejan su esquema de prioridades personales.

Hay que conciliar la vida laboral y familiar, y quien no quiera ser ambicioso profesionalmente tiene que  adaptar su nivel de vida a ese nivel de ambición, que le impedirá acceder a determinadas posiciones y a determinadas  condiciones que conllevan un extra esfuerzo que otras personas están dispuestas a hacer, desde su  decisión personal (ojo , y sin juicios de valor sobre lo que es peor o mejor) .

Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, nos hemos comprado casas a las que no  podíamos hacer frente y nos hemos creído que los préstamos que “generosamente” nos daban,  los íbamos a poder devolver. Y es en esta línea, que nos hemos creído todo aquello que mejoraba nuestra calidad de vida sin cuestionar nada.

Nos han ofrecido tanto empleos fáciles, como proyectos explosivos que crecían como la espuma pero objetivamente difíciles de soportar con números, y que aún así hemos cogido sin cuestionarlos, a pesar de que en todo  ello había mucha artificialidad.

Parece que la marcha de las empresas indica con claridad que muchas de ellas no han podido sobrevivir y que otras muchas tienen que reducir drásticamente sus plantillas por la acumulación de pérdidas. Parto de la base de que los responsables son los directivos, pero me parece que los puestos cómodos y las prioridades de calidad de vida han tenido también que ver,  porque no se pueden dar duros a pesetas y si se dan, al final aparecen en el balance de las compañías.

Tenemos una grave crisis que parece que ha venido para quedarse bastante tiempo y que está teniendo efectos devastadores sobre el empleo .Sin  embargo en muchos temas, todavía  actuamos como si nada estuviese pasando y no nos planteamos renunciar a comportamientos que han tenido que ver con las causas o que simplemente las empresas e incluso la sociedad ya no se pueden pagar.

No sé dónde está el punto de equilibrio, pero hay que crear un paradigma del “trabajo correcto” o del “esfuerzo correcto”, que deberá ser compatible con la situación económica. No obstante de momento pintan bastos y no estaría mal que quien tenga trabajo se acerque un poco a la fórmula de ” vivir para trabajar ” , al menos temporalmente y sin tener la sensación de “estar haciendo el primo ” o que están abusando de él, arrime el hombro y de verdad trabaje con el espíritu competitivo que su empresa requiere para competir con garantías para sobrevivir y ser sostenible a medio y largo plazo.

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