Pirotécnicos o pirómanos

A partir del post “el manager escaparate”, Cristina me sugiere otro comportamiento que expresa así: “Por cierto leyendo el manager escaparate, me vino a la cabeza el jefe escaparate (bueno en realidad no es escaparate sino el fuegos artificiales): toda su obsesión es poner encima de la mesa del jefe que está por encima algo espectacular (muchos millones en poco tiempo, una superoperación, una idea brillante,….) y tiene a todo el equipo con foco en eso: cómo puedo impresionar y demostrar lo bueno que soy en vez de centrase en construir solido (eso queda peor en una presentación). En estos casos, cuando están cuestionados la cosa degenera una barbaridad “. Tras leer esta descripción, he caracterizado este comportamiento como de un pirotécnico, que en realidad resulta ser un pirómano.

Ésta es una situación que requiere un big pocket, ya sea en alguna gran compañía o por parte de algún incauto con capacidad de inversión, que busca destacar en un terreno que le es completamente ajeno, por estar fuera del ámbito de actividad que le ha proporcionado esa capacidad de inversión. Posiblemente esto también se podría dar en pequeñas y medianas compañías, y de hecho seguro que se dan, pero en esta pequeña dimensión el efecto de fuegos artificiales no existe, y por tanto y para ser fiel a la sugerencia, no consideraré estas situaciones.

El catalizador del experimento (comportamiento) es la diferenciación, ingrediente que se requiere en todos los órdenes de la empresa y que es tan valorado y buscado por los responsables de negocio. Y este aspecto tan necesario en una buena estrategia, se convierte en el elemento distorsionador de todo lo que luego acontece ya que para evaluar un proyecto de este calado, no sirven las magnitudes, parámetros y métricas de los proyectos vulgares BAU (business as usual) que, como Cristina dice, solo aportan solidez y consistencia sin retorno rápido para un manager muy ambicioso. La diferenciación solo se supone posible en mentes tremendamente creativas y la creatividad al ser un concepto intangible, se percibe mucho mas fácilmente aderezada con espectacularidad.

Y cuando tú te olvidas de lo que te han enseñado en las Escuelas de Negocio y la experiencia acumulada de muchos managers, y empiezas a despreciar los parámetros de la economía real para contar clicks, o expectativas de futuro inconsistentes, pues pasa lo que pasa: burbuja al canto, inversores damnificados y pirómanos con trajes ignífugos que se salvan de la quema y que apelando a la necesidad de acumular fracasos para llegar a un éxito, buscarán un nuevo incauto que les siga financiando su piromanía.

Durante este proceso, el coste de las cosas pierde su importancia y cualquier servicio o acción asociado al proyecto multiplica por 10 o por 50 (por decir algo) de su valor real, porque todos esos costes se comparan contra  “muchos millones en poco tiempo” y en esa escala, el peso de esos costes es ridículo comparativamente con el output esperado.

De alguna manera la piromanía se extiende y a ese manager se le unirán al menos un consultor y una empresa de comunicación al uso, de modo que con ese núcleo, se formarán equipos en la empresa y en sus proveedores de servicios que gastarán como cosacos y montarán unos firework espectaculares. Posiblemente la compañía de comunicaciones gane un premio y quizás en algunos casos, el consultor no sea un invitado sino el ideólogo del pirómano. Así,  todos contentos, aunque a la compañía le cause un importante quebranto económico e incurra en un importante coste de oportunidad, por no haber dedicado esos recursos a planes sensatos y consistentes.

Este manager de fuegos artificiales trasciende al manager escaparate , ya que tiene habilidades que pertenecen al manager cuantacuentos y a la vez pertenece a la escuela de pensamiento de el manager como líder, tan denostado por mí. Por otro lado, suele ser un súper fichaje que viene a revolucionar la compañía en un contexto de un CEO visionario que carece de  visión pero que conoce los registros del “liderazgo”, o un interno que se cree tocado por una varita mágica, que suele tener la confianza y amistad del que manda y cuya soberbia le hace abusar de dicha confianza, ponerse a la compañía por montera y dar rienda suelta a su alto coeficiente intelectual o a su selecta formación.

He vivido alguna de estas situaciones y ninguna ha salido bien, y como a mí, a mucha gente le ha parecido un timo. Sin embargo, estos casos nunca han pasado a la historia como fracasos sino como éxitos creativo/diferenciales porque los que los han consentido y apoyado tendrán mucho cuidado que no consten en sus hoja de servicios aunque a la compañía le ha costado muchísimo dinero, cuando no su continuidad.

Ni pirotécnicos ni pirómanos, auténticos petardos.

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