Algunos hombres buenos

Me pasa Antonio una sugerencia basada en la película Algunos hombres buenos donde se plantean dos problemas: las decisiones para ordenar actos ilegales y la disciplina que lleva a su cumplimiento. El contexto es militar por lo que no es extrapolable a la sociedad o al mundo empresarial pero qué duda cabe que en estos entornos este tipo de situaciones también se dan aunque con sus propios matices.

En las empresas y en la política existen algunos hombres buenos que se creen investido de un manto que les permite hacer lo que quieran por el bien de una causa y que tiran de código rojo para pasarse por el arco del triunfo lo que realmente deberían hacer. La mayoría de las veces lo hacen por beneficio puramente personal y en otros casos desvirtúan el normal devenir de una compañía o crean la insatisfacción ciudadana. O sea, desde los puramente trasgresores sin ningún fondo malévolo hasta los auténticos delincuentes.

Rajoy cobraba en negro, su partido se financiaba ilegalmente, el PSOE mete la mano en la caja en Andalucía para satisfacer ambiciones personales de sus allegados; y en la empresa desde el caso flagrante y vergonzoso de Govex hasta la facturación en negro y otras lindezas tan extendidas como aceptadas socialmente.

Nadie se debe saltar las políticas- y mucho menos los managers que en muchos casos han sido los que las han establecido-, es una práctica a erradicar absolutamente porque además es una práctica innecesaria; nunca me he encontrado en una situación tan excepcional como para arruinar mi credibilidad personal por una decisión inconsistente con lo que yo hubiese establecido, o poner en entredicho el buen hacer de mi compañía por acuerdos ilegales.

Tomar decisiones fuera de las estrategias o de las políticas establecidas es una práctica bastante extendida entre los managers-los malos-. Creo que la razón principal es evitar encarar situaciones complicadas buscando caminos más fáciles y evitando decisiones poco populares; me parece que también ayuda a ese comportamiento la satisfacción de poder trasgredir lo que uno mismo ha establecido previamente porque entiende que su posición de privilegio se lo permite, porque su tarea está por encima de esos convencionalismos y porque siempre hay un momento para la excepción que ellos ,y solo ellos, pueden y deben aplicar.

Parece que es aburrido y poco creativo ser consistente y predecible, y que esa actitud no genera la adrenalina que algunos buscan o necesitan. Estas trasgresiones pueden ser “domesticas” o de “código rojo” y para ambas aplica el mismo comentario- no se deben hacer- aunque lógicamente la criticidad de las segundas hace que sus consecuencias tengan un mayor impacto.

Si hablásemos de un problema de seguridad nacional sería incapaz de valorar si los códigos rojos son necesarios, y es posible que haya situaciones absolutamente criticas que requieran de un tratamiento absolutamente excepcional, y este supuesto quedaría fuera de este post, pero por mi propia experiencia estas situaciones no se dan- ni de lejos- en las empresas y en la mayoría de las situaciones que los políticos deben afrontar.

En cuanto a la lealtad, que en la película que nos ocupa está basada en una disciplina militar, es otro elemento que aun siendo importante en el mundo político y empresarial, no debe tener la interpretación militar, tan rotunda y contundente.

Sin embargo en la política y en la empresa, en muchos casos, se considera la lealtad como el factor clave a recompensar- muy por encima de la profesionalidad- y los equipos se conforman con acólitos leales dispuestos a hacer lo que su jefe diga- sin cuestionarlo-. Estos acólitos, sin saberlo, son la pieza clave de todas las trasgresiones, porque los managers trasgresores normalmente necesitan un brazo armado para cometer sus irregularidades y sus incoherencias; estos acólitos, cuanto más tontos, mas cualifican, y finalmente nos encontramos en todos los partidos políticos y en muchas empresas organizaciones absolutamente ineficiente, sin capacidad de competir y abocadas al fracaso porque el nepotismo y la lealtad mal entendida son sus señas de identidad.

La consistencia es una de las piezas claves del buen manager y él debe ser el primero en cumplir con lo establecido,sin ninguna excepción; y la lealtad debe ser un  criterio importante de selección, pero siempre por detrás de las competencias de cada individuo. Cualquier desviación de este comportamiento es un camino sin retorno.

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