Armas de ilusión masiva

Me gustaría empezar el año de una forma agresiva, hablando de armas, aunque éstas sean de ilusión masiva, expresión que escuché a Francino y que me pareció un excelente titulo para un post.

Parece que la macro-economía va a empezar a ir bien, aunque su campo de influencia es disjunto con la vida real. Estoy seguro que nuestros gobernantes seguirán dirigiendo al dictado de Europa y que tanto ellos como sus oponentes políticos, estarán cada vez más preocupados por ganar las próximas elecciones, aunque sea por la mínima e inmerecidamente.

La mayoría de las empresas siguen dirigidas por directivos a los que se les ha pasado ya el arroz, que lo saben, pero que no renuncian a sus privilegios, defendiendo numantinamente sus posiciones.

Por otro lado, las manifestaciones populares están muy bien como válvula de escape para personas realmente indignadas, pero su efectividad es mínima. Suelen ser demasiado genéricas, tienden al corporativismo- como no podía ser de otra manera en un movimiento social- pero difícilmente van a producir ningún efecto porque actúan fuera del sistema y por tanto, sin cauce eficaz para las justas reivindicaciones.

Siguiendo con el tono agresivo y volviendo al terreno del armamento, existen dentro de las armas de ilusión masiva unos elementos de gran utilidad para la situación: las minas unipersonales. Éstas tienen efecto individual y si en cada uno de nosotros explotase una de ellas, nos llenase de ilusión y disparase nuestra actividad, produciría un impacto positivo en el mundo real- ese que tiene vida propia y ajena a la macro-economía y todo el metalenguaje político-.

Son tiempos de acción -porque si no haces, te ves arrastrado- y aunque existen infinidad de situaciones lamentables, no son tiempos solo para lamentos sino para reaccionar individualmente en la medida de las posibilidades de cada uno.

En las empresas cambiar las cosas debería ser más fácil y aunque sería muy interesante que todos aquellos componentes de la generación tapón renunciasen generosamente a sus posiciones, veo difícil que esto se produzca. Por lo que las nuevas generaciones con espíritu ganador y con capacidad e interés en cambiar las estrategias, deberían buscar su acomodo en aquellos proyectos donde de verdad puedan actuar. Pero en caso de que eso no sea posible, deben aislarse de las malas influencias de sus directivos y, cada uno en su parcela de trabajo, actuar con mentalidad de cambio, espíritu competitivo y con una alta dosis de exigencia.

Si estás dispuesto a vivir la singularidad de ser motor del cambio y ejecutor exigente, ahí van algunas pistas:

Las empresas compiten entre ellas en sus mercados y en esta contienda se lucha a muerte por cada proyecto, de modo que solo es admisible ganar, porque las medallas de plata no tienen ningún valor. Sin embargo esa empresa que tiene que competir, internamente, no mantiene ese tono de competencia, y provoca y permite la incompetencia de muchos de sus empleados. Puede estar mal visto la exigencia, el esfuerzo y la competitividad profesional pero me parece que son las únicas reglas válidas.

No existe el pleno empleo y por tanto, desgraciadamente, siempre habrá desempleados; puede ser injusto pero es una realidad y ante ella los managers deben buscar que los puestos estén ocupados por los profesionales competentes quedando fuera aquellos que no lo son -que hay muchos-.

Las sociedades competitivas producen desequilibrios sociales que se deben de atender con programas sociales, pero esos programas no pueden contemplarse dentro del mundo laboral sino estar diseñados para cuando el desequilibrio se produzca, y sin contaminar el contexto competitivo de la empresa. Así, hay que tratar problemas sociales con programas sociales, pero nunca enfoques sociales para problemas económicos.

Muchas organizaciones han crecido sin una base sólida de creación de valor y ahora son incapaces de mantenerse, por lo que deben adelgazar. Muchos EREs son inevitables pero allí donde se produzcan: deberían llevarse por delante al equipo de dirección que lo provocó y nunca deberían permitir la opción de voluntariedad para que la gente se apunte.

En resumen, la idea para producir un cambio es la siguiente: ilusión, profesionalidad y esfuerzo individual bajo una nueva generación de directivos.

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