El inglés sin esfuerzo y el seguro de empleo

Muchos métodos de inglés, recuerdo hace muchos años los métodos sin esfuerzo  ASSIMIL , preconizaban la facilidad para el aprendizaje de este idioma. Tuve la oportunidad de vivir en mis propias carnes que era un reclamo publicitario falso, tan falso como la creencia de que sin esfuerzo se podrían conseguir resultados, objetivos o éxito profesional.

Esta semana pasada, sin buscarlo, han caído en mis manos un par de menciones sobre la cultura del esfuerzo y sobre el nivel de dedicación de los comerciantes chinos en España. Precisamente en mi último post yo hablaba de la ley del mínimo esfuerzo, junto con la picardía como dos  características de la sociedad española.

También me llamó la atención unas manifestaciones de Dotti, en las que afirmaba que nadie perderá su empleo si la aportación que el trabajador hace a su empresa es mayor que el sueldo que cobra, afirmación que comparto y que siempre he utilizado para animar a mis colaboradores a crearse un seguro de empleo.

Por otro lado, Roig hablaba de la cultura del esfuerzo como elemento básico en los resultados de MERCADONA y hacía alguna referencia a la crisis interna producida por el olvido de esa cultura y la importancia de volver a ella.

De este modo, respecto a los propietarios chinos, parece ser que éstos lo tienen claro, quizás porque en su ADN no llevan incorporada la ley del mínimo esfuerzo, por lo que cuando ven que no llegan, no les duelen prendas trabajar sin descanso y hacer todo lo que sea necesario para salir adelante.

Nosotros como buenos pícaros siempre buscamos un atajo para esforzándonos lo justo, poder llegar a donde llegan los chinos, no obstante,  en el mercado laboral esos  atajos no te llevan a un callejón sin salida, sino que directamente te  sacan del mercado. ¿Por qué  no podemos individualmente desarrollar el hábito del esfuerzo y comprometernos  con nuestras compañías para, como se dice ahora,”no hacer un gran esfuerzo sino lo siguiente “?

Dotti habla de salario y del valor de la aportación del empleado, pero yo añado dos elementos más: el valor de mercado del empleado y la indemnización por despido si el empleado no llega a la edad de jubilación trabajando y es desvinculado.

Si el valor en el mercado del empleado es mayor que el sueldo que percibe en su empresa ya es una buena base, si además a la empresa le devuelve más de lo que recibe de ella tenemos un segundo pilar sólido. Si el empleado  “desprecia  la indemnización por posible despido “, podríamos decir que está en una excelente posición para continuar en su puesto de trabajo o para poder cambiar si surge alguna oportunidad, de modo que seguirá fortaleciendo su posición mientras siga  manteniendo diferenciales positivos contra su salario y contra su valor en el mercado.

Si por el contrario, no devuelvo con mi trabajo lo que me pagan  y lo que me pagan es más de lo que me pagaría el mercado, la situación es mala y el único valor que irá aumentando automáticamente con el tiempo será el valor de la indemnización, que a medio plazo será el único e irrenunciable activo  para el trabajador.

Quien se ha montado en tinglados artificiales o ha confiado en que la lealtad a un mal jefe, como plataformas seguras para un “empleo de por vida”, no son sujetos pasivos limpios de culpa ante una situación de desempleo, porque fueron poco críticos a la hora de analizar a donde se metían.

Y por supuesto que hay víctimas inocentes de la crisis, que teniendo el hábito del esfuerzo y habiendo devuelto a su empresa más de lo que la empresa le pagaba, han visto cómo  su puesto o su empresa desaparecían, entonces esos desempleados requieren de unas prestaciones sociales compensatorias. Pero si  mantienen su hábito de esfuerzo y no se dejan vencer por la situación, ellos tendrán más oportunidades de volver a trabajar que los pillos  instalados en la protesta continua.

Es absurdo el concepto de empleo de por vida y aunque son necesarias las políticas de desempleo, éstas tienen que tener un cierto límite que posiblemente en este momento se haya traspasado. De hecho, hay mucha gente que llega a conformarse con esos subsidios y que por supuesto se acostumbran a ellos, de forma que van perdiendo el interés y el espíritu que se necesita para revertir la situación y volver a tener un empleo.

Con todo esto quiero seguir incidiendo en la necesidad de la respuesta individual para afrontar la crisis, porque aunque ese esfuerzo no sirva para solucionarla (tampoco sirven las medidas de los políticos, y digo medidas, no esfuerzo) al menos puede servir para intentar crearse un seguro de empleo individual.

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