Elmalabar

Hoy, después de 8 post , quiero explicar por qué he llamado “El Malabar” a mi blog, y en general a todo lo que tiene que ver con los planteamientos de asesoramiento a managers .

Me gustó el ejemplo de los malabaristas, que luchan contra la fuerza de la gravedad para mantener en equilibrio tres, cuatro o quizás diez elementos de las más diferentes formas. El malabarista intenta que no se le caiga ninguno de los testigos y para él, todos tienen la misma importancia en cada momento, y en cada momento, cada uno de ellos realiza coordinadamente los movimientos que el malabarista ha preparado. El malabarista nunca se sale del guión, y si puntualmente uno de los testigos se le cae al suelo, se agacha, lo recoge y sigue con la misma rutina que antes del percance sin perder la compostura ni exteriorizar su seguro enfado.

El manager, como el malabarista, en cada momento de su actuación tiene que mantener en equilibrio inestable los elementos que están presentes en cada acción o decisión que tiene que acometer. Estos elementos son: ESTRATEGIA, EJECUCIÓN, DESARROLLO DE COLABORADORES y SABER ESTAR. Aquí la fuerza de gravedad se materializa en tendencias económicas, dinámicas de mercado, competencia, etc. Al igual que en las actuaciones del malabarista, todos los elementos se tienen que mantener continuamente en equilibrio bajo la acción de estas fuerzas. Hay momentos donde uno de los elementos tiene más presencia que en otros, y sería un error pensar que se puede secuenciar la prioridad de los cuatro elementos, y que el manager se puede dedicar un día a pensar, el siguiente a hacer, el siguiente a dar feedback a un colaborador y además al ser el jefe, sin atenerse a las normas y procedimientos que no están hechos para él.

Una vez definida la estrategia, por muy buena que sea, y aunque esté bien utilizada como elemento de comunicación y marco de actuación, se tiene que trabajar duro porque sin una buena ejecución no conseguiremos los objetivos. No podemos fichar a alguien que no tiene el perfil que la estrategia nos ha definido porque ese alguien es un vendedor que nos trae un pedido o porque es familia de alguien con quien nos interesa tener buena relación por un tema puntual. No se debe mantener en la compañía a la gente “imprescindible” a costa de saltarse la política salarial, y no se debe mantener a los “imprescindibles” porque estas decisiones crean precedentes indeseados y el manager se convierte en esclavo de ese tipo de situaciones.

Nunca la ejecución debe ir en contra de la estrategia y de los procedimientos y normas que de ella emanan. Una operación que no es rentable, nunca se debe hacer si la rentabilidad es la máxima prioridad de la estrategia. No se puede decir a un colaborador que no asista a un curso de formación programado porque ha surgido un problema puntual que requiere su presencia. No se pueden fichar candidatos externos para posiciones de management, si nuestra política de desarrollo de empleados tiene como objetivo la promoción interna. No se pueden pagar incentivos si no se han cumplido los objetivos, y no se deben interpretar estas políticas ni ninguna otra ” para motivar a las huestes “.

Los CV, las potenciales brillantes carreras profesionales y la formación son muy importantes si ello conlleva consecución de resultados, pero si todo esto es hueco, no sirve para su objetivo y el manager se tiene que plantear que algo no está haciendo bien revisando su plan de evolución de su equipo.

Por último el elemento de la ejemplaridad y el saber estar. El manager tiene que ser tremendamente escrupuloso con su comportamiento y no debe, bajo ningún concepto, actuar de una forma diferente a como se le supone que lo debe hacer y que no es otra que la forma que él ha predicado en su estrategia y en las normas de comportamiento que ha definido. La puntualidad, la dedicación, el cumplimiento de los procesos y los procedimientos, los gastos de viaje, todos estos pequeños e “insignificantes ” aspectos, si se comparan con su “importante función ” pueden llevarle a perder su credibilidad, porque las capacidades del manager pueden ser cuestionadas sin criterio pero su actuación en las cosas simples es fácilmente interpretable por todo el mundo. El manager tiene que ser respetuoso con sus planes de formación propios, si quiere que sus colaboradores también lo sean .

El manager tiene que ser previsible, tiene que tener un carácter templado que aproveche los éxitos para crear un buen entorno de trabajo, pero que sobre todo, no se debe descomponer ante las situaciones complicadas y problemas, y cuando tenga algún fracaso debe sacar sus enseñanzas y continuar en su misma línea de actuación, al igual que hace el malabarista cuando ocasionalmente pierde uno de los testigos. La estrategia es teoría en acción y el manager nunca debe aludir a la excepcionalidad para no seguir la teoría.

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