La competitividad de las empresas españolas

Estoy involucrado en un proyecto que trata de ayudar a las compañías españolas, principalmente PYMEs, a acceder a fondos europeos, y estoy corroborando que la mayoría de ellas no están en disposición de competir y sus proyectos empresariales, en general, tienen muy pocas posibilidades de sostenerse en el tiempo.

La trasformación de la naturaleza de los fondos europeos refleja claramente el fracaso de la evolución de las empresas españolas en las últimas décadas. Fuimos receptores de FEDER porque eramos considerados como un país que requería de fondos para su desarrollo y así coger el tren de Europa. Hoy la disponibilidad de fondos, el Programa Horizon2020, es mucho mayor pero ya no son fondos para pobres sino para empresas innovadoras y competitivas y esto que es objetivamente una buena noticia podría significar un descenso de ayudas hacia España. En este sentido se puede decir que va a haber mucha más “europa” aunque con otros registros.

Aquí, los fondos FEDER fueron considerados y se utilizaron con mentalidad de subsidio que compensaba la incompetencia y así se perdió la oportunidad de invertir en auténticos programas de innovación para salir del estado de letargo al que habían llegado muchas empresas y prepararlas para competir cara a cara con cualquiera. Estoy hablando de aquellas empresas que se vieron beneficiados por los fondos pero también en el resto se actuó sin ningun respeto hacia el desarrollo de las organizaciones.

Y esto me lleva a la reflexión sobre el futuro de las empresas españolas, en general dirigidas por managers protegidos y compuestas por empleados alérgicos al esfuerzo y bien instalados en sus zonas de confort. ¿ Se puede dar el paso desde el desprecio a la competitividad a ser realmente competitivo? Habrá que ser optimistas y pensar que sí es posible pero desde luego será una condición necesaria cambiar absolutamente la dinámica empresarial y la manera de dirigir y si no es así, dar el paso será misión imposible.

Porque lo que ha quedado como legado de la cultura empresarial después de aquellos años de burbujas y bonanzas son empresarios acostumbrados a buscar el dinero fácil sin crear valor real, siempre actuando con pilleria y buscando cualquier práctica, incluso legal, para desde su incompetencia llevarse el gato al agua.

Y qué decir de los empleados: siempre buscando prioritariamente la calidad de vida en su puesto de trabajo, bien arropados por las directrices sindicales y el estilo de management paternalista; y que cuando pierden ese puesto de trabajo se acogen a unos subsidios que hacen que cualquier alternativa de trabajo legal parezca poco atractiva. Es verdad que una vez que la crisis nos ha pillado con las defensas muy bajas y nos ha azotado, hoy existen muchos parados que están viviendo injustamente esa situación.

Lo que no ha cambiado es el alto nivel de competitividad del mercado, cada vez más alto, y para que nuestro país sea competitivo lo tienen que ser nuestras empresas. Para que estas lo sean se requiere la identificación de managers comprometidos; con espíritu ganador e ideas nuevas; y que busquen la innovación en sus productos o en sus maneras de comercializarlos. Que desarrollen organizaciones eficientes donde el esfuerzo sea el catalizador de unos planes bien estructurados. Porque por generación espontanea un manager protegido y defensivo nunca se convertirá en un aguerrido competidor ni dará la vuelta a una organización reactiva.

Los fondos europeos están esperando a los managers españoles y a sus proyectos innovadores, porque la innovación continua- la cultura y el hábito de innovar- es la base y el único camino hacia la competitividad y esto es aplicable en cualquier situación pero mucho más cuando ésta requiere una regeneración absoluta.

Un punto de optimismo para finalizar, he de reconocer que últimamente he conocido algunos managers y empresas donde la innovación no es una exquisitez sino que está arraigada y forma parte del ADN de la organización, empresas pequeñas pero con grandísimas capacidades para convertirse en jugadores competitivos.

 

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