La fórmula para ser Formidable

Hace unos días durante una presentación sobre management surgió la cuestión de la tensión que se produce en un individuo, y por ende en su organización, cuando existe divergencia entre las capacidades y las ambiciones de este. Para ejemplarizarlo eché mano de una novela que leí el verano pasado, “La verdad sobre el caso Harry Quebert”. En este libro el protagonista, alumno de primaria en Felton High construye la epopeya del Formidable, y él explica: “empezó a mi llegada al instituto, cuando tuve que elegir una disciplina deportiva para el curso”, y ni corto ni perezoso eligió Lacrosse, deporte tan minoritario que le permitió destacar hasta ser una referencia mas allá de su propio instituto.

Cuando le llegó la hora de elegir una Universidad utilizó el mismo criterio que el utilizado en la elección del deporte, y con esa idea in mente concluyó que:” De las tres solicitudes aceptadas, Harvard, otra de Yale y la tercera de Burrows, una pequeña universidad desconocida de Massachusetts, no lo dudé: quería ir a Burrows. Ir a una gran universidad era arriesgarme a perder mi etiqueta de «Formidable»”.

Se puede cuestionar la pretensión de querer destacar, por el mero hecho de destacar, y buscar una posición en la que las habilidades y competencias de cada uno estén por encima de la media. Pero lo que no se puede cuestionar es que una vez decidido lo que se quiere, la decisión fué la correcta.

Decisión contrapuesta a aquella en la que el mismo deseo de destacar, o una ambición desmesurada, lleva al individuo a jugar claramente por encima de sus posibilidades. En este caso la incompetencia dará la cara en algún momento y la situación creada será incomoda para el incompetente pero además tendrá consecuencias muy negativas para su organización.

Muchos profesionales eligen la carrera de management porque tienen ambiciones y esta carrera parece que las colma en mayor medida que cualquier otra. Sin embargo, no todo el mundo sirve para el management y me atrevería a decir que porcentualmente no son una mayoría los aptos frente a los que lo intentan.

El management no es una profesión con requerimientos técnicos excesivos, y la descalificación de candidatos no viene  por esa parte. Sí se requiere, sin embargo, que el manager sea capaz de tomar decisiones impopulares y en algunos casos difíciles, y que además esté dispuesto a soportar situaciones incómodas que le generán malestar.

La autoconfianza, la coherencia y la exigencia, entre otras, son capacidades naturales que aun siendo menos lustrosas que las técnicas son imprescindibles en un buen manager, porque además no son sustituibles por los conocimientos técnicos.

Esos conocimientos técnicos suelen ejercer una influencia perniciosa sobre las cualidades naturales, y cuanto más extensos son  más se desprecia el componente básico del éxito de un manager: el people management.

Los poseedores de curriculos brillantes, consciente o inconscientemente, necesitan ser las estrellas de sus equipos. Sin duda alguna en muchos casos ese perfil de manager está objetivamente mejor preparado que sus colaboradores y esa superioridad le predispone a no reconocerles.

Muchas veces pienso que mi obsesión por el people management y mi tendencia a rodearme siempre de los mejores responde a las situaciones profesionales que me tocó vivir. En Gispert, mi primera empresa, era un matemático entre magníficos vendedores, y lo que allí se valoraba era la habilidad comercial. En Hewlett Packard era un matemático entre ingenieros de telecomunicación y en aquellos tiempos lo que primaba era el conocimiento técnico, que yo no tenía.

Era ambicioso y mi experiencia es Gispert me daba una ventaja en la gestión comercial frente a la mayoría de mis compañeros de Hewlett Packard, por lo que el continuo crecimiento del negocio y de la organización me dieron acceso relativamente fácil a mi primera posición de manager. Desde el primer momento me centré en atraer a los mejores, a aquellos que sabían lo que yo no sabía; a ganarme su respeto; y aprender a desarrollar profesionales.

El management es una profesión gratificante por su contenido y por la satisfacción de ver crecer a los colaboradores. Si quieres ser un buen manager cultiva tu gusto por el people management. Conviértelo en tu máxima prioridad y asegúrate que tu conocimiento técnico y tu curriculo son complementos y nunca factores bloqueantes de tu dedicación a construir el mejor equipo posible, donde cada uno de tus colaboradores sea mejor que tú en su especialidad.

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