Las decisiones

La vida del manager está íntimamente relacionada con las decisiones, y la toma de decisiones se podría definir como una técnica o habilidad, a lo que yo añadiría los calificativos de horizontal y básica. Horizontal, porque se debe aplicar en todas las funciones que el manager realiza (planificación, ejecución, con su equipo….) y básica, por la intensidad con la que se debe utilizar esa habilidad  y además desde el primer momento que el manager ejerza.

Si no fuese porque he conocido muchos managers que no toman decisiones, me habría atrevido a decir que la falta de esta habilidad es descalificante para dirigir. Sin embargo, sí me atrevo a decir que nadie será un buen manager si no se siente cómodo y es ágil en la toma de decisiones, lo cual significa dicho llanamente, que a los managers les pagan por decidir.

Para mí hay cuatro claves para tomar decisiones: marco, capacidad de síntesis, criterio y diligencia.

En primer lugar, si no existe un marco de referencia no es posible tomar una buena decisión. Muchas de las decisiones que se perciben como difíciles es porque sin estrategia no hay táctica posible, porque si no sabemos hacia dónde vamos, no podremos decidir qué camino elegir, y si no hemos definido unas normas de comportamiento ¿cómo juzgar las actuaciones? Pero el marco requiere rigor y muchas veces los managers débiles no son consistentes con ese marco si se requiere una decisión complicada.

En segundo lugar, el manager tiene que tener capacidad de síntesis para que en una determinada situación, considere toda la información disponible y de ella extraiga lo fundamental para luego sobre ese núcleo, pueda aplicar su mejor criterio y tomar la decisión adecuada. Sin esa capacidad de síntesis y con las dosis normales de pérdida de compostura frente a un problema, la situación se vuelve tan caótica que es materialmente imposible decidir.

El tercer elemento es el criterio, que se va desarrollando cuando se va acumulando experiencia, aunque siempre vienen bien unas  cualidades naturales sobre las que construirlo. Es importante la capacidad de relacionar toda la información, la síntesis de la que ya hemos hablado y los “punteros”, hacen que surja espontáneamente en tu cabeza toda la información que tiene relación con la situación a la que el manager se enfrenta.

El cuarto y último elemento, la diligencia. No se puede ser perezoso ante una decisión y es fundamental tomar la decisión en el momento adecuado, porque cuando estamos ante un problema, el tiempo per se no soluciona las cosas y en general las situaciones tenderán a empeorar.

 Cuando la decisión es importante, hay que tomarla sin precipitación pero cuanto antes, porque habrá mucha gente pendiente de ella de manera intranquila. Y olvidaos esperar a tomar decisiones cuando tengáis  toda la información, porque eso es imposible. Siempre se decide con información parcial que trataremos que sea relevante y suficiente, pero  hay que dar prioridad al momento adecuado de la decisión frente a la cantidad de información disponible.

Y no hay decisiones “limpias”, porque toda decisión tiene consecuencias no deseadas y aspectos negativos pero si la decisión mejora nuestra situación y es consistente con el marco , hay que tomarla

Solo hay un tipo de decisión a tomar y por tanto en todos los casos, aquel que tiene las cuatro claves será  exitoso en este menester. La única diferencia entre unas decisiones y otras vienen marcadas por  el rango de personas sobre las que tendrá impacto y la criticidad de esa decisión  para el negocio.

No es lo mismo manejar un equipo de 5 personas dentro de una función determinada,  a ser el director general de una compañía de 1000 empleados. No obstante, la experiencia del director general  será mucho mayor que la experiencia del responsable de departamento, por lo que para cada uno de ellos el nivel de dificultad será el mismo y las mariposas en el estomago deberán  ser similares.

Dejadme que trate uno de los inhibidores frente a la toma de decisiones: la impopularidad. Este factor condiciona a mucha gente a la hora de decidir porque son demasiado sensibles a lo que puedan pensar los impactados e intentan quedar bien. Esta actitud me parece errónea porque la sensibilidad esta fuera de lugar, ya que quien toma la decisión tiene toda la información mientras que los impactados no, lo cual en muchos casos imposibilita a éstos para juzgar correctamente. Y para gustos, los colores, que los managers tengan claro que es imposible contentar a todo el mundo.

Otro inhibidor “bondadoso” es la democracia. La tildo de bondadosa porque quizás quien así actúa lo hace con buenas intenciones, pero en línea con el párrafo anterior es otra actitud populista que como casi todo lo populista, nunca lleva a buen puerto.

Apuesto tanto por la comunicación como por la proximidad del manager con su equipo y su organización. En este sentido, me gusta comentar los aspectos de una decisión importante con todos aquellos que considero que me pueden aportar información pero con dos precisiones, comentar no significa consultar, y preparar la decisión no es decidir. Un no rotundo a las decisiones democráticas, las decisiones son personales e intransferibles.

Me queda un último comentario para aquellos que son indecisos y que esperan o que las situaciones se solucionen con el tiempo, o que alguien decida por ellos. Tomando la última opción, se consigue tener a alguien a quien culpar si las cosas salen mal, aunque estoy seguro de que este manager se apuntará cualquier triunfo.

Muchos managers indecisos no se atreven a tomar la decisión por miedo a equivocarse, por lo que contemporizan sin decidir. Sin embargo pensad que una decisión tiene que ser rematadamente mala para que haga más daño que la situación mantenida sin decisión y desde luego un manager que toma decisiones malas mejorará con el tiempo y el coaching adecuado, mientras que el indeciso tiene contados sus días como manager.

Está claro que hay que tomar muchas decisiones en la carrera del management y si son buenas, mejor que mejor.

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