Management en tiempo de crisis

En los tiempos de bonanza, muchos managers tienden a ser ineficientes porque la abundancia permite conseguir resultados, que se podrían tildar de inmerecidos. Inmerecidos, en el sentido de que no se corresponden con una buena gestión y que se producen, no por el buen trabajo del manager, sino por las circunstancias favorables y en algunos casos, ” a pesar del manager “.

Estos managers no se comprometen seriamente con el desarrollo de sus empleados, siendo poco exigentes con la contribución individual de cada uno de ellos. De este modo, los empleados se vuelven candidatos a la desvinculación cuando vengan mal dadas, momento en el que los managers se verán obligados, por las circunstancias o alguien, a desvincularlos.

La crisis es un elemento natural que tarde o temprano aparece en nuestras vidas y aunque no es deseable, debemos ser capaces de convivir y sobrevivir a ella. La crisis dificulta – pero no imposibilita –  nuestra capacidad para hacer negocio, reduciendo el nivel de actividad y por tanto, aumentando el nivel de competencia.

La crisis no aparece por generación espontánea y cada uno de nosotros, directa o indirectamente, contribuimos a su aparición.
Cuando la crisis aparece, su virulencia se ve aumentada por la incapacidad de muchos managers a afrontarla, ya que ahora, en las nuevas condiciones, el mercado no perdona.  El manager que no gestione correctamente en tiempos de crisis, ya no tendrá red que le salve de su incompetencia, ni disfrutará de los regalos de la abundancia en forma de buenos resultados. Sin embargo, aquellos que gestionen bien, serán los ganadores. A éstos se les abrirá la oportunidad de conseguir sus resultados – precisamente – en detrimento de los managers incompetentes, frente a los que serán más eficientes llevándose una tajada mayor del menor pastel.

Ante la crisis lo fundamental es la actitud. No podemos bajar los brazos, quedarnos parados y desmoralizados esperando a que alguien solucione la situación, para que un día por la tele nos anuncien que la crisis se ha terminado. Debemos interiorizar que “crisis” significa “dificultad mayor”, y debemos responder aumentando nuestro nivel de actividad para compensar esa dificultad. En este contexto, aquí van algunas ideas:

  • Se deben fijar objetivos aspiracionales en base al potencial de mercado, de tal forma que los objetivos siempre se comporten mejor que el mercado ( crecen más que el mercado o decrecen menos si ese es el caso).
  • En cuanto a recursos y presupuestos, debemos hacer “más” con “menos”.  Hay que incrementar la productividad y ajustar los gastos del presupuesto con más rigor que los ingresos. Es muy importante no mirar a las referencias del pasado, ya que dejan de ser válidas, al estar basadas en periodos de bonanza donde no se gastaba eficientemente porque las condiciones permitían gastar más de lo necesario.
  • Hay que cuestionar todo nuestro planteamiento y anular todo aquello que no aporta valor. Todas las empresas son susceptibles de mejora y estas situaciones, propician planes de progreso que en los buenos tiempos no se acometen. Este ejercicio hay que hacerlo con rigor, y es importante hacerlo con mentalidad de crisis, la cual permite poner las cosas en su sitio suprimiendo cualquier estructura superflua y que no condiciona el crecimiento futuro de la compañía (todas las estructuras que nacieron de ideas “brillantes” – que luego no lo eran tanto – dejan  estructuras asociadas que sobreviven a la muerte del proyecto porque se podían pagar en un determinado momento).
  • No se debe bajar el nivel de exigencia . No hay que ser condescendiente con el bajo rendimiento porque  “estemos en crisis”. Hay que establecer en todo el equipo el espíritu de lucha y sacrificio, en el sentido de que el mundo no se acaba por la crisis, y que por el contrario, para los bien predispuestos, hay altas posibilidades de éxito.
  • Es el momento de tomar todas aquellas decisiones que por pereza se han ido aplazando. Y si esto se hace, bienvenida sea la crisis, porque aunque es un poco pueril, hay managers que sólo en esas condiciones, se moverán.
    Un comportamiento de este tipo, va a proporcionar resultados aceptables, reforzando a la organización que lo supere, y además, fortaleciendo a los managers. Éstos últimos, deberían sacar varias enseñanzas para aplicar en los tiempos de bonanza:
  • Cuestionar continuamente y luchar contra la inercia que inevitablemente afecta  a la eficiencia.
  • Ajustar los presupuestos, invirtiendo y gastando con sentido común. Hay que evitar pedir más de lo que realmente se necesita porque parezca que cuanto más se tenga, se es mejor.
  • No se debe aplazar ninguna decisión,  sobre todo, aquellas que tienen que ver con desvinculación de personas. Desvincular a alguien cuando el mercado es correcto, es mejor que hacerlo, cuando te ves obligado por la crisis, ya que la persona desvinculada, se enfrenta a una situación complicada de empleo.
  • Se debe invertir en el desarrollo de los empleados, para tener un equipo de excelentes profesionales que cumplan consistentemente objetivos. De este modo, los empleados pondrán su granito de arena para evitar la siguiente crisis, y cuando esta llegue, estarán mejor pertrechados para afrontarla.
  • Se debe ser realista con el crecimiento de las estructuras. No hay que perder oportunidades, pero hay que tener mucho cuidado a la hora de aumentar las plantillas haciendo siempre un crecimiento controlado y consolidado.

Actuar en regimen de “crisis” cuando no la hay, mejora el rendimiento en epocas de bonanza, siendo la mejor receta para que una compañía afronte las dificultades que le toque vivir.

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