Pero ¿de verdad que es un dilema ?

los mejores se vanNo he visto una viñeta que resuma mejor el dilema sobre la formación en las empresas. Aunque para marcar el tono del post: no debería ser nunca un dilema y se debería agrandar el concepto de formación hasta desarrollo profesional, dentro del cual, la formación es una de sus componentes sin ser de lejos la más importante.

El desarrollo profesional de sus colaboradores deber ser el primer criterio en la mente del manager, si realmente quiere dirigir correctamente. Pero cuando ese criterio no se contempla, no ya como prioridad, sino ni como uno de los ingredientes de su estilo, entonces ese mal manager acabará enfrentándose con el dilema.

El desarrollo profesional requiere de managers rigurosos y generosos, porque sin rigor el desarrollo profesional se vulgariza hasta quedar reducido a la formación y a evaluaciones mal hechas, simplemente para cumplir con un requisito administrativo; y porque sin generosidad es difícil realizar tareas exigentes y llenas de sinsabores, y es imposible enfrentarse a situaciones incomodas que derivan en consecuencias personales.

Por poner un numero, la formación puede representar entre el 10% y 20% del esfuerzo de un manager en la parcela del desarrollo profesional de un colaborador, pero que además su valor puede llegar a ser cero si el otro 90/80% no se ejecuta correctamente. Y claro, lo que vale cero es carísimo a cualquier precio.

Desde mis primeros tiempos en HP asumí profundamente que las empresas se comportan como los vasos: cuando se llenan hasta el borde (de talento) acaban rebosando, pero cuando no se llenan de talento acaban con un poso repulsivo en el fondo.

La viñeta enfrenta dos comportamientos, uno de ellos se preocupa porque el vaso no rebose, mientras que el otro se preocupa por evitar los posos. El primero, con la justificación tan pueril de la viñeta no gastará dinero en formar a sus colaboradores- y digo formar porque aquello del desarrollo profesional está fuera de su radar- apostando por la mediocridad como camino más recto a un cementerio de elefantes y a la vez evitando crear un monstruo que le pueda quitar el puesto. El segundo siempre apostará por el desarrollo profesional y asumirá el riesgo de las fugas de talento si el crecimiento de su empresa es insuficiente para proporcionar oportunidades profesionales para tanto talento.

El desarrollo profesional requiere managers:

  • Con criterio para evaluar a sus colaboradores contra los requisitos de su función.
  • Que realicen evaluaciones rigurosas enfocadas en identificar aéreas de mejora.
  • Que preparen anualmente planes de mejora específicos basados en las áreas identificadas frente al role model.
  • Que sea consecuente con los resultados de las evaluaciones y ante la falta de reacción del colaborador frente a los planes de mejora, y cuando sea necesario, tome decisiones de desvinculación.
  • Que dirijan dejando espacio para que la responsabilidad de sus colaboradores les haga crecer, y que eviten totalmente el micromanagement.
  • Que de coaching directo y que use la formación como una herramienta táctica para los planes de mejora.

Tampoco me ha gustado nunca utilizar la formación(los dichosos másteres, sobre todo) como premio, o incluso como elemento de retribución sustitutivo de parte del salario, o en vez de una merecida subida salarial que no se realiza. Porque cuando transitas por esos caminos la función de la formación queda desvirtuada y entramos en el proceloso terreno de estar pagando formación de la que luego se van a aprovechar otras empresas cuando ese empleado se vaya.

El desarrollo profesional es el elemento fundamental para el éxito de las empresas y la formación asociada es una inversión que las compañías deben realizar, de la misma manera que lo hacen con herramientas informáticas o cualquier otro activo, tangible o intangible, que los empleados utilizan cotidianamente.

La viñeta delimita dos submundos: el de los managers con criterio y el resto; y estos segundos por su propio bien, el de sus colaboradores y el de su empresa deberían renunciar a su carrera de managers y afanarse en convertirse en buenos especialistas.

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