Sacar ventaja de los fracasos

Cuando tenemos un fracaso, el gran premio de consolación es el aprendizaje implícito que incorporaremos a nuestros criterios a la hora de tomar decisiones similares. La gran estupidez es renunciar a ese premio, haciendo una lectura equivocada del fracaso, siendo indulgentes con nosotros e implacables con el empedrado.

Esto es un gran error porque para que una empresa u organización progrese, casi siempre es necesario algún elemento exógeno que desestabilice una situación de confort. De lo contrario, los buenos tiempos obnubilan a quien tiene que tomar las decisiones y suele haber pocos valientes que sean autocríticos.

En este blog de momento no estoy comentando temas de actualidad, y mientras tenga ideas que exponer, voy a tratar de seguir con esta línea (aprovecho para reiterar mi petición de  vuestras sugerencias sobre aspectos específicos del management). Sin embargo hoy voy a hacer una excepción, apoyándome en el gran tema de estos días: las elecciones. Por supuesto no para hablar de política, sino que voy a aprovechar la visibilidad de unas elecciones para comentar comportamientos empresariales que están muy bien ilustrados por las acciones de los políticos.

El PSOE se ha pegado la gran bofetada electoral que no, por esperada, ha dejado de ser espectacular, siendo además la segunda gran bofetada consecutiva en un corto periodo de tiempo. Quizás en las autonómicas fue algo más sorprendente, pero algo así ya se mascaba en el ambiente.

Pase que la primera tuvo algo de sorpresa, pero si hubiesen sido autocríticos y hubiesen apelado a los beneficios de aprendizaje de una derrota, deberían haber aprovechado esa oportunidad para no acometer las siguientes con el mismo planteamiento demoledor.

En vez de eso, los grandes perdedores y actores principales del fracaso, decidieron que lo que tenían que hacer era básicamente mantenerse en el machito y proteger a sus acólitos para que éstos también se mantuviesen en la medida de lo posible.

En las empresas esto no es tan evidente, pero ocurre en muchas ocasiones. Al igual que los políticos intentan conseguir el poder del partido frente a otras opciones, algunos managers actúan de igual manera y hacen primar los intereses suyos y de sus seguidores, frente a los intereses de la empresa.

¿Cómo es posible que en un partido no exista un plan de sucesión que evite tener que improvisar un candidato? Pues en muchas empresas pasa exactamente igual: se instala con mucha frecuencia la perpetuidad en la posición de los managers del primer nivel. A partir de ahí el plan de sucesión es un ejercicio superfluo para los matusalenes, que ponen su prioridad en rodearse de “leales” que le ayuden a mantener su parcela de poder dentro de la compañía y que sean verdaderos acólitos, a cambio de una protección  de por vida.

Pero si una empresa no tiene un buen plan de desarrollo de sus profesionales, nunca habrá  buenos profesionales en el disparadero hacia una promoción. De este modo los perdedores y/o matusalenes finalmente tendrán argumentos reales sobre la falta de alternativas, y a falta de alternativas seguirán ellos.

Las empresas están en crisis, tienen graves problemas para generar beneficios y muchas incluso para supervivir. La crisis es una realidad y en ella salen a la luz todos los problemas objetivos que las empresas tienen y que no tienen nada que ver con la propia crisis sino con alguno de los aspectos de un plan de negocio: estrategia, ejecución, nivel profesional de los empleados (manager y tropa ), etc…

Para los managers es hora de llegar a esas causas raíces y buscar soluciones ahora, porque con un buen plan de negocios se responde a la crisis mejor que con un mal plan, de forma que el día que la crisis vaya remitiendo, esas compañías estarán mejor pertrechadas para afrontar los periodos venideros. Hacer lo que ha hecho el PSOE es garantizar una travesía turbulenta por la crisis y una clara falta de competitividad de cara al futuro y por muchos años.

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