Las baterías, un caldo de cultivo para las startups

Hoy en día pertenecemos a una sociedad digital, una sociedad conectada, y no concebimos el mundo sin un smartphone, una tablet o un portátil, ni tampoco sin una conexión a internet o sin wifi. A su vez, el mundo está evolucionando hacia una sociedad más comprometida, y los efectos del cambio climático y los compromisos de los diferentes países por proteger nuestro planeta, han provocado un cambio importante en el paradigma económico y social en todo lo referente a emisiones de CO2 y su repercusión en la red de transporte y sobre todo en la movilidad eléctrica.

El mundo de las baterías ha jugado un papel fundamental en el enorme crecimiento que ha tenido la telefonía móvil, y más recientemente en la evolución de los coches eléctricos, donde empresas pioneras como Tesla o Nissan, han hecho que toda la industria automovilística tenga en su radar para los próximos años, el desarrollo de nuevas gamas de coches eléctricos que permitirán a los usuarios una amplia variedad de modelos entre los que poder elegir. Este enorme desarrollo de sectores tan estratégicos como el de las comunicaciones, o el de la industria de transporte, está generando múltiples oportunidades tanto para las compañías tradicionales, como para nuevas startups que apuestan por la innovación y que son mucho más flexibles a la hora de poner en valor los resultados del I+D.

La evolución las baterías

Hagamos un poco de historia. Corría el año 1980, cuando el físico John Goodenough de 57 años, creaba una batería de Litio-ión, con un cátodo de óxido-cobalto, que es todavía a día de hoy, el más usado en todos nuestros aparatos electrónicos, desde ipads, smartphones hasta ordenadores. Corría el año 1991, cuando Sony realmente lanzó al estrellato a las baterías de litio-ión, promocionando su comercialización en las video cámaras.

En la industria automovilística, también hubo numerosos intentos en el desarrollo de baterías que no llegaron a buen puerto. En 1966, Ford creó una batería de litio y azufre-sodio muy prometedora, pero poco viable debido a las altas temperaturas de hasta 300C a las que trabajaba. A pesar de su no viabilidad, la sola promesa de conseguir automóviles sin ruido y no contaminantes, provocó un gran revuelo en la sociedad de la época incluyendo a muchos investigadores de prestigiosas universidades de todo el mundo, que se pusieron manos a la obra en la búsqueda de alternativas viables y eficientes.

Al final de los años 70, el químico británico Stand Whittingham de la Universidad de Standford, anunció un importante descubrimiento sobre baterías que combinaban litio con titanio, que funcionaban a temperatura ambiente y que podían ser recargables, lo que claramente podría poner fin al dominio de las baterías no recargables de carbón Zinc, que habían dominado los aparatos electrónicos las últimas 6 décadas. Además, suponía la promesa de aparatos electrónicos portátiles más ligeros y de menor tamaño. El problema que se encontraron con este tipo de baterías fue la estabilidad y la seguridad, ya que podrían ser altamente volátiles.

Es entonces cuando el profesor John Goodenough entró en acción con la primera batería de litio y óxido de cobalto, que conseguía minimizar los problemas de seguridad y mejoraba la capacidad de sus predecesores. Fue a partir del año 1991, desde que Sony puso en el mercado baterías comerciales, cuando se produjo un auténtico despegue de las baterías de litio y sus diferentes combinaciones que nos han llevado hasta hoy.

En el sector de transporte, empresas como Tesla o Nissan han sido pioneras en la utilización y optimización de baterías de litio ión para sus primeros coches 100% eléctricos, y han conseguido tanto mejorar la autonomía de los vehículos, como reducir su coste de producción, mejorando sus componentes, mediante el uso de materiales más económicos, y sobre todo reduciendo los costes de fabricación, aprovechando las economías de escala de las llamadas Gigafactories, que permitirán una expansión exponencial de la movilidad eléctrica.

Gracias a esta evolución, hay numerosas iniciativas a día de hoy con laboratorios de investigación, centros tecnológicos y universidades de todo el mundo, que están trabajando en nuevas tecnologías de baterías que prometen mejorar aún más las capacidades de las actuales, y que permitirán una autonomía y unos precios que superarán a los coches tradicionales de combustión. El enorme potencial de desarrollo y crecimiento de este sector, está generando un caldo de cultivo emprendedor con innumerables oportunidades de negocio para nuevas empresas y start-ups de carácter innovador que sepan entender este sector y aprovechen el momentum.

A lo largo de una serie de artículos, iremos analizando las oportunidades de negocio que existen en la actualidad, junto con una visión más cercana y directa de la evolución de las baterías de litio en estado sólido, las baterías de litio azufre o las baterías de metal aire.

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David Parejo Archivo: Aeronaútica | Energía | Tecnología
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