Vehículo Autónomo y sus promesas explícitas e implícitas

Dicen que hay palabras que las carga el diablo…

Hoy vamos a desempolvar aquellos viejos apuntes de nuestra época en el instituto para intentar concienciar y entender el riesgo que tiene la utilización de algunas palabras. En nuestro caso del vehículo autónomo, esto es de especial importancia pues debemos de tener cuidado a la hora de explicar bien a la gente a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de determinados conceptos técnicos.

Vehículo Autónomo y La conducción autónoma:

Por lo general, cuando hablamos de un vehículo autónomo tendemos a imaginarnos coches sin conductor, en los que todas las funciones de conducción son asumidas por el coche. En este tipo de vehículos no haría falta ni siquiera que hubiese un volante para tomar el control, pues en el fondo seríamos simples pasajeros que van de un punto A a un punto B.

Sin embargo, como todos sabemos aún estamos muy lejos de conseguir este hito. Los pocos vehículos que han conseguido un nivel de autonomía igual o superior al nivel cuatro (cuando podemos prescindir en ciertos momentos de la figura del conductor), lo han logrado en entornos muy concretos y bajo determinadas condiciones de tráfico, de visibilidad y de metereología. En el resto de casos, los servicios de autonomía que se han ido añadiendo requieren la intervención humana ante cualquier imprevisto que pueda surgir a lo largo del trayecto.

A pesar de ello solemos hablar correctamente (es verdad) de autonomía para referirnos a distintos niveles de automatización en la conducción; Pero no porque sea correcto debemos de olvidarnos de que las personas pueden interpretar mal este concepto.

Revisando aquellos apuntes del Instituto leo que muchas palabras tienen al menos dos significados:

  • Una carga denotativa o mensaje explícito, que por simplificar digamos que es la definición que aparece recogida en los diccionarios, cuyo significado es conocido y consensuado por los hablantes de la lengua.
  • Y una carga connotativa o mensaje implícito, mucho más subjetiva, pues es el sentido que cada hablante le da a las palabras o expresiones en situaciones diferentes.

Bueno, dejémonos de teoría y mostremos ejemplos concretos para poder entenderlo.

Si yo digo: “Juan se ha rascado la barriga todo el día”, en realidad estoy queriendo decir que no ha hecho nada, ¿verdad?

El sentido literal de las palabras (denotación) es que se ha estado rascando, pero todos entendemos que en realidad estoy queriendo decir una cosa diferente (connotación).

Si un profesor para terminar la clase dice “Bueno, son las diez”, el sentido explícito de las palabras indica que son las 10:00 de la mañana, pero el sentido implícito nos dice que la clase ya ha terminado.

Entendidas las diferencias, hablemos de autonomía según la RAE:

Autonomía:

2. f. Condición de quien, para ciertas cosas, no depende de nadie.

Y vinculada con la anterior: Automático, ca
Del griego autómatos ‘que actúa por sí mismo.
1. adj. Dicho de un mecanismo o de un aparato: Que funciona en todo o en parte por sí solo.
3. adj. Producido sin necesidad de la intervención directa del interesado.
9. f. Ciencia que trata de sustituir en un proceso el operador humano por dispositivos mecánicos o electrónicos.

Piloto automático:

1. M. dispositivo que permite gobernar automáticamente un barco o un avión.

¿Se empiezan a entender los problemas que una mala interpretación de estos términos pueden generar?

Los conceptos que asociamos a estas palabras nos hacen pensar que cuando algo tiene autonomía o es automático puede desarrollar todas sus funciones por sí mismo. Ojo, es cierto que en un momento concreto se especifica que esas funciones pueden ser realizadas total o parcialmente, pero la mayoría de los apartados denotan y connotan la capacidad de ser ejecutadas sin supervisión en su totalidad.

Si a todo esto añadimos la cantidad de ejemplos de la cultura popular que nos han mostrado aviones que vuelan solos, drones, misiles de crucero, robots que toman decisiones por sí mismos, etc; reforzamos aún más el mensaje de que algo autónomo no necesita supervisión, por lo que las palabras autonomía y automático en cierto modo lo prometen implícitamente. Y esto es muy peligroso con el vehículo autónomo, porque ya estamos viendo muchas imprudencias que los usuarios de este tipo de tecnologías están cometiendo en la carretera.

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